lunes, octubre 06, 2008

Fuera de lo que es lícito

Pretender que Educación para la Ciudadanía se imparta en inglés y que en cada aula exista un traductor simultáneo a español no es una idea discutible; es indiscutiblemente un exceso y una reacción chabacana y grosera, impropia de personas responsables del Gobierno de una comunidad autónoma. ¿Son conscientes las autoridades valencianas del ejemplo que están dando a sus estudiantes? ¿Cree alguien que una trapacería semejante ejercida precisamente en las escuelas y en los institutos tiene alguna gracia? Es profundamente descorazonador pensar que los responsables de la educación de niños y jóvenes en la Comunidad Valenciana son personas incapaces de mantener una discusión seria sobre los contenidos de esa asignatura, como ha ocurrido en otros puntos de España, y que prefieren regodearse y darse placer con algo que resulta perjudicial para otros: con lo que es simplemente una broma soez y estúpida.
Sol Gallego, ayer, en El País

8 Comments:

Anonymous Anónimo said...

Las expresiones "exceso",
"reacción chabacana y grosera, impropia de personas responsables"
"ser consciente", "trapacería",
"broma soez y estúpida"
no figuran en el diccionario del PP valenciano. Lo importante es ganar las elecciones por mayoria absoluta, y ese fin justifica todos los medios.

3:24 p. m.  
Anonymous Anónimo said...

“Relativismo moral”, “imposición totalitaria”, “adoctrinamiento laico” son algunas de las expresiones a las que apelan quienes están en contra de que se imparta la nueva asignatura de Educación para la Ciudadanía. Sin argumentos dignos de ese nombre tales expresiones tienen el mismo valor intelectual que, por ejemplo, “no me gustan los gatos”, “odio los espaguetti” o “nunca viajo sin mi almohada”.
La controversia no obedece a razones de orden moral, ni a una supuesta apropiación por parte del Ministerio de Educación del derecho de los padres a formar a sus hijos en los “valores” que crean convenientes. En ese sentido el contenido de la materia es tan virtuoso en términos democráticos que resulta inatacable: de ahí que quienes rechazan la asignatura forzosamente se vean obligados a emplear una retórica de consignas sin significado, de frases huecas que, sin embargo, no consiguen ocultar la intolerancia que las alumbra, como es el caso de la CONCAPA (Confederación Católica Nacional de Padres de Familia y Padres de Alumnos). Compárese el pseudoargumentario de esta organización que considera “inaceptables” los contenidos de EdP
http://www.concapa.org/modules.php?name=Noticias&file=article&sid=179

con los razonamientos ofrecidos por José Antonio Marina, defensor de la asignatura.


http://www.attacmadrid.org/d/8/070712121806.php

P.D. Es de suponer que la CONCAPA también habrá considerado “inaceptables” las inversiones económicas realizadas por los arzobispados de Madrid y Burgos en la empresa Pfizer, multinacional farmacéutica que comercializa medicamentos como la Viagra, píldoras contra la impotencia sexual y un anticonceptivo inyectable de gran éxito en USA. Como la noticia es de marzo y a falta de un comunicado condenatorio sobre el “relativismo moral” de la jerarquía católica española es de suponer que la CONCAPA les habrá perdonado...

12:43 a. m.  
Anonymous anónimo_3 said...

Al margen del rechazo frontal de los sectores católicos, el cual parece que es buscado a propósito por el gobierno socialista, se está obviando por ambas partes un debate necesario, serio y responsable, sin crispación, abierto a la sociedad en su conjunto, sobre la oportunidad de la nueva asignatura y sus contenidos. No debemos enquistarnos en posturas maniqueístas a favor o en contra, como ya sucedió antes con el Plan Hidrológico Nacional.

La Constitución en su artículo 27 establece unas reglas muy claras, a las cuales se han de atener nuestros legisladores. Por un lado, se debe educar en los principios democráticos de convivencia; por otro, se reconoce el derecho de los padres a elegir la formación religiosa y moral de sus hijos. Educación para la Ciudadanía supone una magnífica oportunidad para formar a los futuros ciudadanos en los principios, valores y reglas recogidos en la Constitución y que son la base de nuestra convivencia. Sin embargo, existe el riesgo de que los contenidos de la asignatura excedan de esta base común democrática, con la pretensión de adoctrinar en cuestiones morales e ideológicas propias de un determinado partido político. En ese sentido la asignatura se estaría inmiscuyendo en el ámbito reservado a los padres y estaría negando el respeto a las ideologías que no comulguen con el ideario del partido en cuestión. Personalmente puedo estar a favor de los contenidos tal como han sido elaborados, por mi simpatía con el partido que gobierna en la Moncloa, pero como demócrata antepongo el respeto a la libertad de educación e ideología, que ha de ser garantizada por un Estado que se declara democrático y aconfesional.

3:17 p. m.  
Anonymous Anónimo said...

Me parece una extraña paradoja iniciar un comentario que aparentemente aspira a la imparcialidad con una frase que combina la distorsión de los hechos y el proceso de intenciones: “Al margen del rechazo frontal de los sectores católicos, el cual parece que es buscado por el gobierno socialista…”. No veo cómo puede llevarse a cabo un “debate serio y responsable sobre la oportunidad de la nueva asignatura y sus contenidos” dejando “al margen” precisamente a los principales y dogmáticos agentes provocadores de la polémica. La referencia al artículo 27 de la Constitución que, según nuestro comentarista, y coincidiendo con quienes rechazan de plano la asignatura, “establece unas reglas muy claras” (de lo que se desprende que los legisladores o no lo han leído o lo han vulnerado conscientemente) no es más que una coartada ante la obvia dificultad de oponerse razonadamente a los casos concretos que enseña la asignatura en cuestión.

8:20 p. m.  
Anonymous Uno que pasaba por aquí said...

Estimados contertulios:

Estamos ante un "distractor factor", mientras se habla de esta asignatura no se habla ni del fracaso escolar, ni de los barracones, ni del nivel cultural de las generaciones que están actualmente cursando sus estudios.
En definitiva, le pese a quien le pese, estamos formando a borregos y aquí no pasa nada. ¿Dónde están las voces críticas con el hecho de que el 30% del alumnado no termine estudios primarios y el 50% no pase de dichos estudios? ¿A nadie le preocupa?

En segundo lugar, en un país aconfesional como éste, ¿nadie se queja de que religión sea una asignatura más? A mí sí, y soy católico, pero me parece indignante que una sociedad que debe tender al laicismo permita en pleno siglo XXI esta aberración. ¿Por qué no se modifica? ¿por miedo a la reacción del votante católico de izquierdas?

Y en tercer lugar, la asignatura de marras. Independientemente del idioma en que se emparta (lengua valenciana, castella, inglesa, sánscrita o aramea), sinceramente, ¿esta asignatura va a mejorar el lamentable nivel cultural, moral y ético de esos alumnos? ¿alguien lo cree? Por que yo creo que es un factor de distracción para NO abordar los verdaderos problemas de la enseñanaza y añadir una "maría" al plan de estudios.

Saludos

8:51 a. m.  
Anonymous anónimo_3 said...

El primer lugar, he dejado muy claro que es necesario un diálogo abierto a toda la sociedad. Insisto: toda. Lo cual incluye, por supuesto, también al Gobierno y la Iglesia. Pero, eso sí, sin crispación.

En cuanto a los contenidos de la asignatura en sí, más allá del núcleo democrático común: los principios, valores y reglas recogidos en la Constitución, se aprecia claramente la pretensión de adoctrinar en cuestiones morales e ideológicas propias de un determinado partido político, el que está en el Gobierno y ha diseñado la asignatura. Si leemos los Decretos 1513/06 y 1631/06, vemos que de los tres bloques que describen los contenidos de la asignatura en primaria sólo uno se refiere al mencionado núcleo democrático común, y sólo tres de los siete objetivos se refieren a dicho núcleo. En cuanto a la secundaria el contenido se divide en dos partes, una que se refiere a asuntos públicos, parte en la que de cuatro bloques sólo dos se refieren a lo que es común y otra que de describe como “Educación Ético-cívica”, en la que de seis bloques sólo dos tienen alguna relación significación relativa a lo que es común, esto es cívico.
Así pues, más allá del objetivo de educar ciudadanos para la democracia, la asignatura persigue otra cosa: formar una determinada conciencia moral, exactamente
lo que la Constitución reserva al criterio de los padres. Como demócrata estoy en contra de que el Estado imponga a los ciudadanos una determinada moral e ideología
más allá de la Constitución, independientemente de mis simpatías por el partido que esté en el Gobierno, ya sea PSOE o PP, En otros términos, me rebelo ante la idea de un Estado paraconfesional.

Por último, estoy de acuerdo con el último comentario respecto a la cuestión de la enseñanza de la religión en las escuelas. La religión, cualquiera que ésta sea
(catolicismo, evangelismo, islam, etc.), no debería formar parte del currículo escolar. Los padres son libres de elegir la educación religiosa de sus hijos, pero ésta debería impartirse como actividad extraescolar.

6:55 p. m.  
Anonymous Anónimo said...

Insistir en la necesidad de establecer un “diálogo abierto a toda la sociedad” sobre la asignatura de EPC es, sin duda, un loable propósito si pensamos, por ejemplo, en la República Popular China, pero resulta un tanto ilógico reclamarlo en un estado que ofrece las suficientes garantías democráticas, lo que nos ahorra volver a inventar la pólvora. A la aprobación por el congreso de la polemizada asignatura sólo se opuso el PP. Si la EDPC es inconstitucional, que falle el Tribunal competente en la materia, que para eso está. Por lo demás, incluir en ese pío deseo de “diálogo abierto a toda la sociedad” y en el mismo nivel de legitimidad a un Gobierno democrático y a la iglesia católica no deja de resultar una concesión inquietante, más aún si se tiene en cuenta la archimillonaria financiación recibida por la iglesia católica española a costa de todos los ciudadanos durante los gobiernos de González y Zapatero, (y por supuesto los demás) denunciada no sólo por partidos u organizaciones situados a la izquierda del PSOE sino también por numerosas asociaciones cristianas de base, teólogos, etc. Esa permanente y multimillonaria donación graciosa es la que ha permitido a la iglesia católica, entre otras cosas, no dejar de “adoctrinar en cuestiones morales e ideológicas” a millones de ciudadanos españoles desde la reinstauración de la democracia y sin solución de continuidad con el franquismo, régimen que aún no ha condenado. Prácticamente una generación. En febrero, Antonio Romero, de IU, cifró en más de 800.000 millones de las antiguas pesetas la suma anual que la iglesia católica española recibe del gobierno Zapatero. También en febrero, el decano de Humanidades del CEU, José Francisco Serrano, publicó un artículo en la red en el que afirmaba que “la hecatombe se cernirá sobre la iglesia y lo cristiano si gana Zapatero”. El otro día un señor dijo en una emisora “que había que salvar la civilización occidental”…
El “diálogo abierto” debería producirse en el seno de la iglesia católica española, que necesita un urgente aggiornamento democrático y aún huele a cardenal Gomá. Muy orteguianamente González y Zapatero comprendieron que el de la iglesia católica española era un problema que había que “conllevar”, al ser imposible “resolverlo”, por razones históricas, sólo mediante procedimientos legítimamente democráticos. En un libro prohibido por la censura franquista el historiador Pierre Vilar ya advirtió que por tradición el clero español se cree con derecho a reivindicar “la dirección espiritual (y en parte material) de la sociedad”. Esto no sucede en el resto de Europa, donde la asignatura se enseña en la mayoría de los países con total normalidad. La connivencia estratégica e ideológica entre el PP y quienes rigen los destinos patrios de la iglesia española se puede negar contra toda evidencia, incluso tras ver la obscena fotografía de Barberá besando la mano de García Gasco, pero sólo a condición de contemplar la instantánea como una obra de arte. Un auténtico capricho de Goya. En fin, ¿para qué seguir?

9:39 p. m.  
Anonymous Uno que pasaba por aquí said...

Estimado anónimo 3 coincido en gran parte de tus afirmaciones.

Estimado anónimo (el del último comentario, apra entendernos): Tienes razón en lo que dices de la Iglesia y su actitud "paternalista" en el ámbito de la moral, pero no es menos cierto que la izquierda, especialmente el PSOE, ha mantenido su Status quo con la prolongación del concordato y la permisividad con ciertos privilegios completamente inconcebibles en peo siglo XXI.

Sin embargo, también es cierto, que uno de los principales defectos, y de los más putrefactos, de la actual democracia, es haber copiado del franquismo (incluso a peor, pues el nivel educativo español dista mucho del nivel de exigencia de aquella época, recordemos que los principales intelectuales de izquierdas, y los más brillantes, se formaron en aquel bachiller y no en el bodrio del plan de estudios actual) el adoctrinamiento. Sucede en las ikastolas vascas, sucedió en la época de Cipriano Císcar en la Conselleria de Cultura en la que se me enseñaba en el instituto (público por más señas) que Valencia formaba parte de una entelequia llamada PPCC (¿te suena?).

Si queremos una escuela de calidad, y no la tenemos, deberemos estar menos pendiente de adoctrinar a los que precisamente debemos enseñar un espíritu crítico, elevar el nivel de formación, y por lo tanto exigencia (palabra que parece políticamente incorrecta pero necesaria) y eliminar del plan de estudios la religión (estamos en un estado laico y aconfesional). Y, en mi modesta opinión, EpC me sigue recordando sospechosamente a la "Formación del Espíritu Nacional" (sic). Vamos, que los mismos perros pero con distintos collares.

Y así nos va.

8:06 a. m.  

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