lunes, marzo 12, 2007

Las fiestas, entre el consenso ciudadano

La respuesta dada por la alcaldesa Rita Barberá ­ a las denuncias continuadas de un grupo de vecinos de la calle Sueca debido a las molestias generadas por la falla instalada en su calle es indicativa de la sima que existe entre el conflicto planteado y la idea que posee la primera edil acerca del problema. «Esa falla tiene un protagonismo este año que huele mucho a política», asegura.

El diagnóstico resulta equivocado -y es difícil intentar remediarlo si así se piensa-, porque lo que se plantea es un asunto convivencial, en el que los derechos básicos a menudo son pisoteados sin diálogos previos, generando por tanto situaciones extremas y marginales. Sin pactos sociales la coexistencia vecinal se hace ingrata e imposible. Y las fiestas no pueden quedarse al margen de esa necesaria cohabitación.

Este año, la falla ubicada en la calle Sueca se ha convertido en la punta de iceberg del choque de la integración de la fiesta en su entorno inmediato. Nadie está contra las fallas: no lo podría estar. Las fallas son un símbolo indiscutible y forman parte de nuestro patrimonio. Pero hay que controlar los abusos, como piden los dirigentes de las asociaciones vecinales. Durante los muchos días de recorrido festivo, Valencia trabaja y produce como una ciudad europea del siglo XXI. Adecuar los ritmos, vigilar los atropellos y arbitrariedades, dirigir la fiesta hacia un consenso cívico es tarea del ayuntamiento para debilitar las grietas ciudadanas.
Editorial del diario Levante de hoy.